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NICOLAS MANUEL OJEDA Entrevista a un pionero


Entrevista extraida del blog:

Nació el 30 de Agosto de 1939, en Rosario, Santa Fe, Argentina.
Investigador Ovni.

Yo vivía en la casa de La Paz 3119, Barrio Parque de la ciudad de Rosario.
Allí tuve mi primera observación de Ovnis en diciembre de 1952, yo tenía trece años. En pleno mediodía desde la esquina de La Paz y Av. Francia mirando hacia el noroeste. Se trataba de dos objetos, que a la distancia tenían la forma de dos pelotas de ping pong que cambiaban sincronizadamente de color.

Las vio todo el barrio, eran unos objetos que cambiaban de color, rojo, verde, blanco. Cambiaban de posición, subían, bajaban y después se empezaron a alejar desapareciendo abruptamente.
A partir de aquel día comencé a reunir toda la información periodística y bibliográfica sobre los Ovnis que llegaba a mis manos. Así llegué a reunir una documentación platillística considerable.

Pero la observación más impactante que vi, fue frente al Comando del 3º Cuerpo del Ejército, que estaba en Moreno y Córdoba.
Yo venía del cine y estaba en la esquina esperando el ómnibus.
Lo que observé era como un plato con cúpula oscura y debajo tenía como una especie de tetilla iluminada que giraba.
Noté como si las nubes hirvieran a su alrededor.
Bajó atravesando las nubes y así como bajó subió y se fue.
Quedó el boquete en las nubes y se veía el cielo azul del otro lado.
Lo vio un montón de gente pero al otro día no salió publicado nada en los periódicos. Me cansé de buscar en todos los diarios pero no apareció ni un comentario.

Me lancé al rodeo, solo, con diecisiete años de edad, difundiendo el fenómeno en mayo de 1957, decidido a entablar una lucha sin pausa.
El primero de los libros que leí fue “Los platos Voladores”, de Jorge y Napy Duclout. Después, “Objetos desconocidos en el cielo”, de AntonioRibera. Luego, “Los Desconocidos del Espacio”, del mayor Donald Keyhoe

Dos años más tarde, en febrero de 1959, llegó a mis manos un ejemplar de una revista donde traía el primer suplemento sobre los objetos voladores, que se titulaba “El enigma de los Platos Voladores”, con información brindada por CODOVNI.

Le escribí a la casilla de correo 2560 que figuraba en la revista y así entablé mi primer intercambio epistolar con el grupo más viejo, y el mejor organizado que tuvo la Argentina, CODOVNI (Comisión Observadora de Objetos Aéreos No Identificados). Lo lideraba 
Ariel Ciro Rietti.
Les pedí que me concediera un día para ir a ver al grupo a Buenos Aires, y un día acordamos vernos. Viajé solo, con temor de mi madre porque yo era la primera vez que viajaba a Buenos Aires.
Posteriormente, viajé muchas veces para intercambiar información con otros investigadores.

Los integrantes de CODOVNI eran: 
Ariel Ciro Rietti, Cristian Vogt, María Angélica Medina, Horacio Minervini, Miguel Cejo, Roberto Minervini, Enrique Bramante Jáuregui y el Dr. Jorge Herzer.
Ariel Ciro Rietti perteneció a la Sociedad Argentina Interplanetaria, fundada en 1951, que la presidía el ingeniero Teófilo M. Tabanera, autor del libro “La Exploración del Espacio.”



Era una subsidiaria de la Sociedad Británica Interplanetaria.
Rietti era piloto y escribía en el cielo con humo, la palabra “Safac”, que era una marca de yerba mate. En Rosario lo hizo varias veces. (Fue famosa en Argentina)

En 1960 ya tenía investigados una veintena de casos, en Buenos Aires, y unos pocos en la provincia de Santa Fe, seis en la ciudad de Rosario.
En ese año tuve que hacer una pausa de un año para cumplir con el Servicio Militar obligatorio.
Habiendo pasado el período de instrucción militar, me llega el traslado a la ciudad de Rosario, a la guarnición del 3º Grupo de Artillería de calle La Paz y Entre Ríos.

Fueron tiempos duros, con sorpresas amargas, me refiero al primer ataque terrorista al Regimiento de Infantería 11 General Gregorio Las Heras, donde perdí a un amigo que era de Misiones.

Terminado el servicio militar reinicié, todo aquello que había dejado.
Fue todo un desafío, algo que mi interior me decía que había entrado en una guerra despareja que se libraba en cualquier punto del planeta.
Por impulso de Ariel Ciro Rietti, me llevó a crear el GRODOV. Grupo Rosarino Observador De Objetos Voladores.

Al grupo GRODOV lo fundamos oficialmente el 24 de junio de 1964, 17 años después del famoso caso de Kenneth Arnold.
Los primeros integrantes eran: Daniel Rubén Ramos, Rubén Roberto Nino, Omar J. Lampertti y yo.

Al poco tiempo, empezamos a recibir cualquier cantidad de material sobre el tema. Incluso la NASA nos envió fotos de Ovnis, eran varias carpetas. GRODOV mantenía contacto con 93 entidades civiles e investigadores privados del mundo. Nos escribíamos con astrónomos, arqueólogos, ingenieros, algunos militares y expertos en otras disciplinas.

A partir de 1964, se sucedieron una serie de observaciones de Ovnis en toda la Argentina, y según nuestras estadísticas, anualmente recogíamos más de 300 informes de todo el país, entre periodísticos e investigaciones de campo.

GRODOV desapareció en 1975, pero yo continué solo y me di cuenta que muchas veces llegaba más lejos estando solo, que trabajando en equipo.

Me integré a otros grupos como AOA (Asociación Observadora de los Astros), y también estuve en el CIAR (Centro de Investigaciones Astronómicas), grupo que dirigía 
Cipriano González Llave.
En ese tiempo, cuando empecé casi nadie investigaba al fenómeno Ovni, salvo los siguientes investigadores pioneros:
Antonio Oscar Pérez Alemán, de Córdoba
Jorge y Napy Duclout
Agapito Millán,
Ricardo Frondizi Amadeo, hermano del presidente argentino Arturo Frondizi.
Juan Lovaczenski, de Buenos Aires
Alejandro Klon, de Buenos Aires
Enrique Seráns, de Buenos Aires
Pablo Michalosky, entrerriano
Roberto Jorge Martínez, entrerriano.

Entre los periodistas se destacaron Jorge O. Pineda, Américo Barrios y Juan Carlos Remonda. Américo Barrios trabajaba para el diario Crónica, tuve varias entrevistas con él y tenía un archivo impresionante.
Jorge Pineda era del diario El Mundo, fue el primero que hizo el análisis de las ortotenias, pero observando todos los aterrizajes en la República Argentina.
Juan Carlos Remonda era periodista del diario Córdoba y tenía amistad con otro de los primeros investigadores, Oscar Galíndez que también era de la provincia de Córdoba.

En el nacimiento, en las investigaciones del fenómeno Ovni incurrí en muchos errores, me equivoqué muchas veces y varias veces uno cae en el error por malas informaciones (y las disemina).


Creo que...

El origen de los Ovnis, para mí, originariamente está en el espacio exterior, y mucho más lejos de lo que nosotros podemos imaginar y están más cerca de lo que podemos siquiera pensar.
Su difusión por los humanos está en los descubrimientos que hicieron los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, y luego los norteamericanos comenzaron a sacar prototipos.

Respecto a los primeros constructores de Ovnis, la tecnología alemana estaba basada en los libros antiguos de la India donde se describen naves aéreas. Fueron seres como nosotros, que en algún tiempo, estuvieron conviviendo con nuestros antepasados. Las vimanas de la India, eran los objetos aéreos en los que se trasladaban. Además, pienso que estos aparatos funcionan con antimateria. (Opinión de Ojeda)

Para mí, el 90% de los contactados (en persona) son falsos.
Los extraterrestres no tienen necesidad de comunicarse con ninguno de nosotros. Lo que ellos quieren lo toman. Ese es mi punto de vista, puedo estar equivocado.

En el golfo de San Matías y en el golfo de San Jorge, y en parte de las costas de la Patagonia, siempre hubo movimiento de objetos submarinos no identificados. En un libro que leí, creo que era de Louis Pauwels, ya él anticipaba que en el fondo del mar se ha hecho una especie de campo de batalla y de experimentación oculto.
Alberto Perego, Cónsul de Italia en la Argentina, que tuvo cargos diplomáticos en diversas misiones en el exterior, escribió un libro donde habla de estos aparatos submarinos que no son hechos por extraterrestres sino por algunas potencias que usan al mar como laboratorio de experimentación.
Casos

Antonio Ribera me contó cuando vino a Rosario para un Congreso Internacional de la FAECE, en diciembre de 1982, que buzos y submarinistas han intentando en diversas oportunidades, llegar a algún objeto que estaba bajo el fondo del mar y han perdido la vida.
Investigando los Ovnis, en la provincia de Santa Fe, recorrí muchas localidades. 

En el caso Morassi, el agricultor que fue quemado por un Ovni, tuve que viajar a Arequito. Sucedió el 21 de junio de 1980. Tuve la suerte de tener en mis manos fotocopias del expediente.

Un Ovni le hizo quemaduras en la espalda a Ángel Germán Morassi mientras estaba arando. El caso, si hubiera prosperado, habría sido indemnizado por el Estado, que es responsable de custodiar el espacio aéreo de la Nación, pero ante la falta de testigos esa noche, fue archivado como “N.N. (presunto OVNI) por lesiones culposas)”.

En el caso Pérez, en Venado Tuerto, fui con Américo Lumelli y hablamos con el chico Juan Oscar Pérez, que tenía 12 años el 6 de septiembre de 1978.
Trabajaba en una estancia y cuenta que entró a una nave con forma de disco y vio un ser enorme con un traje azul plateado, que ayudado por un robot pequeño con brazos terminados en pinzas trozaba huesos de animales (vacunos) y los arrojaba en un recipiente. Fue la primera vez que (para nosotros) aparece ganado mutilado.

Con el ya fallecido Lumelli investigamos el caso de un camionero llamado Ricardo Fussi, que transportaba leche, y en el campo vio un Ovni exactamente igual al de Adamski. Fuimos al lugar y cuando sacamos las fotos, el celuloide quedó marcado con unas emanaciones rojas.

Otro caso era en el año 1967, fue el del avión militar que estaba haciendo maniobras sobre el río Paraná. El avión Pucará venía volando a muy pocos metros del río, frente a Rosario, cuando se le para el motor, el aparato se estrelló en una isla y el piloto, que se llamaba capitán Iserr, eyectó, va hacia arriba, se le abre el paracaídas, viene descendiendo con normalidad y de pronto desaparece el piloto y cae en el agua el paracaídas vacío. Eso fue visto por muchas personas. Lo buscaron por todas partes pero el hombre jamás apareció.
El Departamento de Accidentología vino y se llevaron los restos del avión.
El fenómeno Ovni está presente porque antes, otro Pucará que también hacía pruebas, volando sobre un pueblo cercano, era seguido por un Ovni, y eso fue visto por los lugareños. A ese avión también se le paró el motor y se estrelló, el piloto resultó salvo.
La radio

En aquella época de juventud, hacía una vez por semana un programa de radio de una hora de duración, que se emitía por LT3 Radio Cerealista y se llamaba “El Misterio de los Platos Voladores” con la locución de Emilio Rodríguez. Beatriz Fontán era la locutora comercial y participaba el periodista Covelli. Fue en el año 1965 y hablábamos de diferentes temas.

Recuerdo que el 3 de julio de 1965, personal del destacamento naval observó el desplazamiento de un objeto volador no identificado en la isla Decepción, en la Antártida argentina.
El objeto irradiaba colores verde, rojo y amarillo y posteriormente, el avistamiento fue desmentido por la Marina. Saqué a relucir que las fotografías que se tomaron eran verdaderas y leí lo que decía el mayor Donald Keyhoe sobre los objetos voladores no identificados.



El programa lo estaban escuchando mis padres y cuando llegué a casa mis padres me dijeron que ¡como me atrevía a contradecir a los militares!, ¡que estaba loco! Unos días después, una noche, entre las 3 y 4 de la madrugada, golpean la puerta unos tipos de civil. Se levanta mi mamá y pregunta quién es:
-¿Acá vive el señor Nicolás Manuel Ojeda?, preguntó uno de ellos.
Sí, le dijo mi madre creyendo que se trataba de mi papá.
Y les preguntó quienes eran.
-Somos del Servicio de la Marina-, o algo así le respondieron y a mi madre se le heló la sangre.
Les dijo que no estaba y le advirtieron que no siguiera diciendo lo que decía en la radio, porque iba a tener consecuencias. Y se fueron. Ya se había levantado también mi padre y abrió la puerta de mi dormitorio y me agarró del pijama y preguntó: ¿En que estás metido vos? ¡Te dijimos que ibas a tener problemas!, ¡son las 4 de la mañana y tu madre llorando!
Fue una experiencia fea.
Con Fabio Zerpa

Después tuve una visita más agradable, que fue la de Fabio Zerpa con su señora. Mi mamá estaba feliz, la esposa nos sacó fotos a todos. Otro que me visitó fue el periodista Eduardo Azcuy, también estuvo el suboficial Rualde Moyano, y un día el secretario de“Pipo” Mancera, para invitarme al programa de televisión Sábados Circulares, donde estuve el 6 de julio de 1968.
También me visitó Antonio Las Heras.
Por mi ex casa de calle Alsina 1314, pasó muchísima gente.
Militares


Muchos de los altos jefes militares creían en los Ovnis, en 1968, el general Juan Carlos Onganía afirmó “personalmente creo que los platos voladores existen”. La relación era de respeto por ambas partes.

Fui el primer civil que tuvo el privilegio de ingresar en el Círculo de Aeronáutica, ubicado en calle Córdoba 951.

Me llevó el comodoro Eduardo J. Palma y me presentó al comandante Dante Ferrero. Me mostraron en 1965 los archivos de la Fuerza Aérea sobre Ovnis. En un mueble en la pared estaban cientos de rollos de película, en latas, de filmaciones de Ovnis. Y carpetas con una colección de fotografías, de 24 por 18 centímetros, sacadas en la Argentina y en el resto del mundo, en blanco y negro con Ovnis en todas. Era impresionante.
En el grupo investigador de Ovnis de la Fuerza Aérea estaban el comodoro Dante Ferrero, el comodoro Eduardo J. Palma, y el suboficial mayor Rualde Moyano.

Antes, hacíamos los Congresos y participaban los investigadores de los organismos de las Fuerzas Armadas junto con nosotros. Presentaban casos que previamente eran de conocimiento nuestro porque no se nos escapaba ningún caso. Se comunicaban con nosotros, hoy todo eso se perdió. Uno de ellos, el comodoro Eduardo J. Palma, fue lo más honesto, lo más transparente que pueda haber. Un hombre cabal. Otro fue el comodoro Dante Ferrero. Con ambos, viajé al Uruguay y conocí a los integrantes del CIOVI, un grupo privado que hacía investigaciones sobre Ovnis con los que aprendí mucho.

Yo entraba al edificio Cóndor como si fuera mi casa. Fui colaborador ad honorem de la División Ovni entre los años 1967 y 1968. Me mostraban carpetas, me contaban de sus investigaciones, me hacían preguntas y yo también les preguntaba. Me daban información pero de ahí adentro no salía con ningún papel. Podía tomar apuntes pero sacar nada, ni una pestaña.

Cuando nosotros, en nuestros comienzos investigábamos el fenómeno Ovni, no teníamos idea sobre la presión que estábamos ejerciendo sobre las fuerzas armadas argentinas. Los militares tuvieron que salir a hacer declaraciones, como el brigadier general Adolfo T. Álvarez, que por entonces era el comandante en jefe de la Fuerza Aérea Argentina, quién admitió en julio de 1968, la existencia de los platos voladores, “si no, no sería aviador” -dijo- y que “el arma proseguía los estudios dentro de los medios disponibles”.

Ellos tuvieron que crear gabinetes de investigación propios, se hicieron como siete u ocho grupos de investigación Ovni dentro de las fuerzas armadas, dirigidos por militares de alta graduación.
A algunos de sus integrantes los conocí, y me dijeron que en 1962 la Marina constituyó la Comisión Permanente del Estudio del Fenómeno Ovni, COPEFO, que funcionó hasta 1975.
Esta Comisión estaba integrada por los capitanes de fragata Constantino Núñez, y Omar Roque Pagani, y los periodistas Eduardo Azcuy y Guillermo Gainza Paz.

En 1962, también el Servicio de Inteligencia de la Aeronáutica creó su propia sección Ovni, esto se sabe por un comunicado firmado por el Comandante Juan Alberto Sosa.

En 1979, en pleno Proceso, por orden del general Graffigna, se fundó dentro de la Comisión Nacional de Estudios Espaciales, CNIE, la División Ovni, dirigida por el capitán Augusto Lima, que funcionó hasta 1987. El ente fue reemplazado por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales, CONAE.

En 1991, se creó dentro del Centro de Investigaciones Técnicas y Científicas de las Fuerzas Armadas, un grupo de trabajo para investigar el fenómeno Ovni, coordinado por el comodoro Juan Carlos Massietti y con la cooperación del Capitán de Fragata Daniel Perissé, que fue uno de los testigos del avistamiento ovni en la isla Decepción.

En diciembre de 1991, la FAECE (Federación Argentina de Estudio de la Ciencia Extraterrestre), organizó el 12º Congreso Nacional de Ovnilogía en la ciudad de San Lorenzo.
Denuncié en mi disertación que había miembros presentes que ocultaban información Ovni a la FAECE y entonces subió el capitán Daniel Perissé y reconoció públicamente la existencia del CITEFA, que hasta ese momento era secreta.
Recuerdos

Estábamos las 24 horas metidos en la investigación, dejábamos nuestras familias, nos metíamos en campos arados, pisábamos bosta de vaca, rompíamos la ropa y zapatos en los alambrados de púa. Desde los años sesenta, hasta fines de los ochenta aproximadamente, no dejábamos caso sin investigar. Se daban casos de aterrizajes, avistamientos vistos por muchísima gente de campo.

Fabio Zerpa siempre decía que, la gente de campo es muy sincera y lo narra al hecho realmente como fue. Conocí gente buenísima, los habitantes del campo son los mejores testigos para detallar el avistaje de un aparato. Lo describían de una manera tan perfecta, “con forma de” que no te dejaba ninguna duda de lo que vieron.
En aquel tiempo, los investigadores íbamos al pueblo, hablábamos con el comisario, con el cura de la iglesia, con los testigos, sacábamos muestras de la tierra.

Ahora por la crisis económica todo ese espíritu se perdió. Yo creo que hoy, a los que manejan los hilos del fenómeno Ovni, les hemos dejado el terreno libre.
Al fenómeno Ovni lo investigué exactamente durante 47 años, 7 meses y 10 días, hasta el 10 de diciembre de 1999, cuando me retiré. Ahora lo que estoy haciendo es colaborar, ayudar, aconsejar a los investigadores.
Archivos


Los estamentos gubernamentales, están tan abarrotados de información sobre los Ovnis que ya no saben donde ocultarla. Es lo mismo que una infección donde hay un grano con pus que en un momento dado, revienta y salta todo lo que está debajo. No lo van a poder seguir tapando más.

El mayor Donald Keyhoe escribió en uno de sus libros: “Ha llegado el momento de interrumpir este largo engaño que es la deliberada labor de desacreditar a millares de testigos honrados. En cualquier momento se podría producir un acontecimiento repentino para el cual estaríamos totalmente faltos de preparación. Debe acabar el secreto y la censura. Debemos terminar con un juego tan peligroso y en el que podríamos vernos todos incluidos”.
Esto lo dijo Donald Keyhoe en uno de sus libros fechado en 1975.
Es una advertencia que está diciendo un militar de alta graduación. Fue todo un pionero, uno de los militares que se arriesgó a dar a publicidad todos los secretos sobre el fenómeno Ovni, con una documentación estremecedora.
Incluso, escribió seis o siete libros y que fueron tan buenos que fueron traducidos al español y uno de ellos, Flying Saucer from Outer Space, fue traducido por el capitán Jorge Milberg en 1955, que lo conocí personalmente y lo editó la Biblioteca del Círculo de Aeronáutica.

El capitán de Fragata, el ingeniero Omar Roque Pagani, le estuvo mandando al NICAP, donde estaba Keyhoe, toda la información sobre el fenómeno Ovni en la Antártida argentina.
Keyhoe lo publicó en sus libros e incluso destacó la labor de los miembros de la Marina argentina que tomaron las fotos en el año 1965 en isla Decepción.

Mi archivo era enorme, tenía libros, películas, fotos, revistas. Había unos 70 casos que investigué personalmente. Luego de pensarlo mucho, decidí donarlo al grupo Visión Ovni, que dirige Silvia Pérez Simondini, en Victoria, Entre Ríos. Les doné 76 cajas grandes, conteniendo todo el archivo. Un día vino un camión de mudanzas y cargaron todo. Creo que ni ellos saben lo valioso del material que tienen en su poder. Cuando los fui a visitar a la ciudad de Victoria, les dije que tienen toda mi vida de investigador en sus manos.

Y con todo ese material, inauguraron un museo en Victoria, “Museo Ovni”, bautizado con mi nombre, en el año 2003 que es el primer museo ufológico de la República Argentina.
Está ubicado en la esquina de las calles San Miguel y Rondeau.

Recomiendo para leer, los libros de Donald Keyhoe, todos los de Antonio Ribera son buenos, hay muchos libros y muchos investigadores, que sería largo de enumerar. También que lean los libros sagrados de todas las religiones donde hay información Ovni muy interesante.

Le aconsejo a los nuevos investigadores que cuando vayan a un terreno, no entren libremente. Primero chequeen todo, no se paren dentro de una huella, no tomen muestras con las manos sin guantes, sino que lleven equipos de detección. Puede haber virus, sustancias contaminantes, no saben con lo que se pueden encontrar.
Que no cometan los errores que cometimos nosotros, porque incluso yo me paraba dentro de los círculos donde había un polvillo medio azulado y lo tocaba con la mano y era medio pegajoso. Era una imprudencia total. Hoy más que nunca, tienen que protegerse. Les estoy diciendo esto, Ahora que pasaron los años y me pongo a pensar y reflexionar.
Y como decía Antonio Ribera, “el investigador tiene que estar en el centro, desconfiarle a todo e ir atando cabos”.

Creo que el hombre fue ayudado por una raza superior, tal como lo dicen todos los libros religiosos como el Ramayana, la Biblia, el Corán, el Talmud, el Mahabarata, y todos hablan de seres que vienen del cielo.
Esos libros son como bitácoras cósmicas donde está escrito todo lo que nos aconteció hace cientos de miles de años.
La religión es como decía un investigador español: “Cuando los Ovnis aterrizan, los dogmas vuelan”.

Al fenómeno ovni no lo quieren dejar encajar en las religiones, y han ocultado un montón de cosas y quemado libros para poder tapar todo esto. Pero alguna vez todo esto va a salir a la luz. La historia de la humanidad siempre ha demostrado que cuando se llega al límite de lo incontrolable, viene el cambio.
Todo tiene su tiempo.

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