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Posiblemente se desconoce el 86% de las especies del planeta


Especial para EL DIA de National Geographic
Aún después de siglos de esfuerzos, alrededor de 86 por ciento de las especies de la Tierra todavía no han sido completamente descriptas, según un nuevo estudio que predice que nuestro planeta alberga alrededor de 8,7 millones de especies.

                                

Eso significa que los científicos han catalogado menos de 15 por ciento de las especies vivas, y las tasas actuales de extinción significan que muchos organismos desconocidos se desvanecerán antes de que puedan ser registrados.

El estudio siguió una simple pregunta: "¿Estamos al alcance de encontrar todas las especies o estamos muy alejados?", dijo el coautor del estudio Boris Worm, de la canadiense Universidad Dalhousie. "La respuesta es lo segundo", precisó.

Unos 250 años después de que el botánico sueco Carl Linnaeus ideara un sistema formal de clasificación para la diversidad de la naturaleza, el catálogo de algunas clases de especies vivientes -como mamíferos y aves- está casi completo, afirma el estudio. Pero lamentablemente, el inventario para otras clases es escaso.

Por ejemplo, sólo ha sido descrito 7 por ciento del número previsto de hongos -que incluye a los champiñones y a la levadura_, y se ha identificado menos de 10 por ciento de las formas de vida de los océanos del mundo.

Lo que se ha descubierto hasta el momento son "las cosas fáciles de encontrar, las conspicuas, las relativamente grandes", explicó Worm. "Nos espera una era de descubrimientos donde podríamos encontrar mucho más de lo que vive con nosotros en este planeta", acotó.

Cálculos

Hasta el momento la ciencia conoce alrededor de 1,2 millones de especies. Para calcular el porcentaje de especies desconocidas, Worm y sus colegas primero tuvieron que contestar una de las grandes preguntas de la ecología: ¿Cuántas especies viven en la Tierra?.

Las especulaciones previas oscilaban entre 3 y hasta 100 millones. Para obtener una respuesta más precisa, los autores examinaron las categorías en las que se agrupan todas las especies.

Los científicos juntan especies similares en grupos más amplios llamados géneros, a géneros similares en una categoría aún más amplia llamada familia, y así de ese modo hasta llegar a una súper categoría llamada reino. Hay cinco reinos: animal, vegetal, hongos, chromista (incluyendo a plantas unicelulares como la diatomea) y protista, u organismos unicelulares.

El equipo de Worm calculó el número total de géneros, familias, órdenes, clases y filas -una designación por arriba de la clase- de cada reino. Esa es una tarea relativamente fácil, puesto que el número de nuevos ejemplos en estas categorías se ha nivelado durante las últimas décadas.

En contraste, la cantidad de especies recién descubiertas sigue aumentando marcadamente.

Usando herramientas estadísticas complejas, Worm y sus colegas se valieron del número de géneros, familias, etc. para predecir la cantidad de especies desconocidas de la Tierra, y sus cálculos generaron un número: 8,7 millones.

Cuestión de estadística
Algunos expertos calificaron de razonable la investigación, publicada en la revista PLoS Biology.

El nuevo estudio "toma una postura enormemente inteligente, y creo que resultará un bastante importante", dijo Lucas Joppa, ecólogo conservacionista de Microsoft Research, la rama de investigación del gigante de la compañía de programas computacionales.




"Si le pidiera que contara 8,7 millones de monedas de un centavo, eso le llevaría mucho tiempo, aun teniendo la ayuda de mucha gente", consideró.

Pero Dan Bebber, un ecólogo del grupo ambientalista Instituto Earthwath, dijo que el estudio se basa en métodos estadísticos impropios.

El equipo de estudio utilizó un método llamado regresión lineal para calcular el número de especies de la Tierra. Pero Bebber piensa que este método es incorrecto para los datos, y que el equipo debió haber usado una técnica conocida como regresión ordinal.

Como resultado, la verdadera cantidad de especies podría ser mucho mayor o menor que 8,7 millones, afirmó.

Biblioteca de la naturaleza
En general, categorizar formalmente a un nuevo organismo es mucho más complicado que descubrirlo, dijo Worm. Los científicos deben comparar su espécimen con muestras de museos, analizar su ADN y completar montañas de papeleo.

"Es un proceso largo", explicó. La mayoría de los científicos "describirán decenas de especies en su vida, si realmente tienen suerte".

Desafortunadamente, las tasas de extinción han acelerado entre 10 y 100 veces su nivel natural, subrayó Worm.

La información que se gana cuando se descubren nuevas especies "es la biblioteca de la naturaleza, y apenas hemos empezado a descifrar los primeros diez tomos", consideró.

"Estamos tirando tomos enteros sin haberlos visto", agregó.

Fuente: http://www.eldia.com.ar

Un monstruo polimorfo perturba la calma en un poblado sudafricano

CIUDAD DEL CABO, 26 abril 2011 (AFP).- Un monstruo que cambia de forma constantemente perturba desde hace un mes la calma del poblado sudafricano de Steytlerville, al sur del país, informó el lunes la prensa local.


El monstruo fue visto en dos ocasiones el domingo por la noche, indicó Zandisile Nelani, de la policía de El Cabo Oriental, según la agencia Sapa. Un hombre con un abrigo negro apareció primero cerca de una taberna. Un vecino que se acercaba constató que no tenía cabeza.

El desconocido se transformó luego en un peligroso perro del tamaño de una vaca, explicó el policía. Posteriormente, el monstruo fue visto por diversas personas en la misma calle y se transformó en un mono antes de desaparecer.



La policía de Steytlerville ya recibió la pasada semana declaraciones de algunos ciudadanos señalando la presencia de un monstruo que cambia de forma cuando se le mira y que sólo aparece por la noche.

Un testigo explicó que se le apareció como un hombre trajeado, antes de transformarse en un cerdo y después en un murciélago. Otros explicaron que el monstruo vuela. También se le vio merodear por las cercanías de una iglesia.

Su primera aparición se remonta a hace un mes, en dos entierros. El policía Zandisile Nelani indicó que los habitantes, atemorizados, han reclamado una reunión con la policía y que ésta ha aceptado, pero siempre que se llegue a fotografiar al monstruo para probar su existencia.

Según este policía, ya se ha podido hacer una foto del monstruo cuando reposaba en un árbol y tenía forma humana. Sin embargo, al revelar la foto, la imagen captada era la de un animaldesconocido. “Es una cosa muy extraña lo que está ocurriendo en Steytlerville, pero hasta ahora nadie resultó herido”, concluyó el policía.

El español que buscaba al Yeti


JORDI MAGRANER, zoólogo de 35 años, lo había dejado todo por encontrar al «Barmanu» de Pakistán, donde vivía desde hace nueve años. El pasado domingo fue asesinado, al parecer, por extremistas musulmanes. Para muchos había perdido el juicio


El Yeti, Bigfoot o simplemente Giganopithecus, el caso es que Jordi Magraner soñaba con encontrarse una criatura tímida y peluda, de 170 centímetros de altura, ojos grandes, pómulos marcados, boca sin labios y algo torpe en sus movimientos. A quienes quisieron escucharle les contó que, en dos ocasiones, le despertaron los aullidos de un animal que se había convertido en su obsesión.«Es una mezcla del grito humano y el sonido de los chacales que habitan en la zona, un sonido que ningún otro animal podría haber provocado», dejó escrito en sus trabajos. 


Tan cerca se creía el científico español de demostrar al mundo la existencia de ese eslabón perdido de los Neanderthal, que nadie pudo convencerle de que abandonara Pakistán ante el peligro inminente que corría su vida. Grupos musulmanes radicales paquistaníes habían puesto al zoólogo en el punto de mira de su campaña anticristiana, a pesar de su ateísmo y de que incluso ni sus allegados lo habrían reconocido cuando iba vestido como un miembro más de la tribu de los kalash. 



Quince años antes, cuando visitó por primera vez los valles donde habita esta minoría politeísta, Magraner pensó que para llevar a buen puerto su proyecto debía vestir, hablar y seguir las costumbres de aquéllos que aseguraban haber visto al yeti. Se convirtió en uno más y aprendió a moverse por las montañas como lo hacían los pastores locales. Encontrar al yeti sólo iba a ser cuestión de tiempo.
La noticia de su asesinato en la remota región montañosa paquistaní de Chitral llegó el pasado domingo por sorpresa. Quienes le apuñalaron hasta la muerte seguramente desconocían que también ponían fin a esa loca idea que, para algunos, le había llevado a perder el juicio y, para otros, le había convertido en una eminencia de la criptozoología, el estudio de criaturas misteriosas jamás descubiertas.
Chitral quedará completamente aislada por las nieves en menos de un mes. Con 17 picos de más de 6.000 metros de altura, y apenas 11 habitantes por kilómetro cuadrado, el zoólogo eligió uno de los lugares más inaccesibles del planeta para llevar a cabo sus investigaciones. El pueblo kalash habita desde hace siglos en tres valles al norte de Pakistán: Birir, Bumburet y Rumbur.

Allí, en lo que se conoce como «el final del mundo», se encuentra la modesta pensión que el investigador había convertido en su vivienda y centro de operaciones. La policía encontró en su interior, junto al cadáver, el testamento científico de Magraner: cientos de documentos, informes y datos que le habían llevado a la conclusión de que en Chitral existía un homínido que había sobrevivido a la extinción de su especie. Los lugareños lo conocían por el nombre de Barmanu («el gran peludo»); él, simplemente como el «homínido de Chitral».

Junto a la mesilla de noche de Magraner se encontraron también las cintas de audio de decenas de entrevistas con lugareños que aseguraban haber avistado a la criatura. Uno de los testimonios que habían convencido al investigador era el de Purdum Khan, un pastor que aseguró haber visto al yeti cuando se encontraba vigilando a sus cabras a 3.500 metros de altitud, allá por el año 1977.
«De repente, sintió un mal olor, parecido al de un perro o un gato que lleva muerto tres o cuatro días. El pastor vio a un hombre peludo, a tres o cuatro metros de distancia. Lo estuvo observando durante dos horas. Era un ejemplar joven, de entre 170 y 175 centímetros, estaba sentado y comiendo con la postura de un musulmán», según la traducción del relato que hizo el propio Jordi Magraner, que había aprendido el chitralí para recoger con mayor exactitud los relatos de los habitantes de las montañas.

Los detalles físicos aportados por el testigo describían una figura de músculos y pecho muy desarrollado, cubierta por pelos de hasta 10 centímetros de longitud, con una cara ancha, una larga barba, la nariz chata, largas cejas, cuello corto y piernas y brazos más largos que los de un hombre. El relato fue tan concreto -el pastor llegaba a asegurar que el órgano sexual de la bestia se encontraba en erección- que Magraner decidió recorrer valles y colinas, viajar de aldea en aldea y no parar hasta reunir otros 26 testimonios de personas que aseguraban haber visto al animal.

SIEMPRE 63 PREGUNTAS
Su familia recuerda cómo, con la ayuda de un colaborador suyo, llegó a fabricar moldes de las huellas de Barmanu gracias a trazas aisladas encontradas en el barro y en la nieve. Pero las dificultades técnicas y materiales de trabajar en el norte de Pakistán entorpecían aún más la ya de por sí difícil empresa en que el constante Magraner se había embarcado. Fuentes cercanas al explorador español reconocen que «sus estudios no progresaban mucho».
Llamaba a las puertas de los lugareños, armado siempre con las mismas y sempiternas 63 preguntas sobre el físico del animal, y después mostraba dibujos de yetis, monos, osos, humanos prehistóricos y diferentes hombres salvajes en un intento de dar con la imagen exacta de lo que estaba buscando. «Las respuestas, incluso entre lugareños que no se conocían y vivían separados, guardan una similitud indiscutible», escribió asombrado.
La obsesión por el Hombre de las nieves de este español, de 35 años y afincado en Valence, Francia, había comenzado mucho antes, a mediados de los años años 80, mientras trabajaba en el estudio de diferentes especies de anfibios en el Museo de Historia Natural de París. Un compañero le prestó un cierto día el libro El hombre de Neanderthal todavía vive, de Bernard Heuvelmans y Boris Porshne (1974), y su vida cambió para siempre. La obra, que describe la existencia de diferentes yetis en lugares del mundo que abarcan desde Mongolia a Kazajistán, generó en él el mismo efecto que los libros de caballería en Don Quijote.

Los dos años siguientes los pasó leyendo y devorando todo lo que pudo sobre las criaturas que habían captado su atención.Al mismo tiempo, minuciosamente, iba reuniendo todo el dinero necesario para realizar una primera expedición a Pakistán. Corría el año 1987.

El impacto que aquel primer viaje tuvo en él lo cuenta su hermano Andrés: «Vino enamorado de esa tierra, de esa gente, de cómo vivían y del trabajo que había iniciado».

Jordi Magraner regresó convencido de la existencia de Barmanu, creó la Asociación Trogloditas con sede en la vivienda familiar de Valence (Francia) y comenzó a buscar financiación para seguir su rastro en los valles de Chitral, hasta el final de sus días si era necesario. Una segunda expedición, entre enero y octubre de 1990, le reafirmó en su idea de que si quería dar con el yeti, debía vivir allí donde se ocultaba. Hizo las maletas y dos años después se instaló definitivamente con los kalash. 



«SON SERES TÍMIDOS»
Recorrió las montañas recogiendo excrementos, cuyo estudio determinó la presencia de tres especies de parásitos intestinales que no eran conocidas por la ciencia, «lo que demuestra que su anfitrión también es igual de desconocido». Junto con otros investigadores franceses, reunió cabellos que atribuyeron rápidamente al eslabón perdido que andaban buscando. Cada pista le acercaba un poco más hasta Barmanu.

Lo que había comenzado como una mera curiosidad científica se había convertido en un sinvivir, un flechazo pasional hacia un animal que todavía no había logrado ver con sus propios ojos, pero de cuya existencia ya no tenía dudas. A quienes le ridiculizaban diciendo que estaba buscando al abominable Hombre de las nieves, les respondía con gesto muy serio que no había nada abominable en lo que esperaba poder mostrar muy pronto al mundo entero.«Estos seres no tienen un carácter terrible, más bien al contrario, pues son muy tímidos y un ruido es suficiente para conseguir que echen a correr».

Los yeti son simios escindidos de la cadena evolutiva humana hace millones de años y pertenecen a la rama de los Neanderthal.Hay textos clásicos, firmados por Lucrecio y Plinio, que hacen alusión a hombres poderosos, de cabeza hundida y cejas huesudas, que habitan en lugares casi inaccesibles. Plinio los ubica en el norte de África. Pero lo realmente curioso es que estas alusiones (junto con otros documentos pictóricos que los reflejan) datan de mucho antes de 1856, momento en que se descubrieron los primeros fósiles de estos gigantes en las proximidades de Neander (Alemania).
La búsqueda de homínidos desconocidos se ha basado siempre en los testimonios de las gentes de lugares remotos. Gobiernos como el soviético organizaron en el pasado costosas expediciones para tratar de encontrar algún ejemplar y diferentes equipos científicos iniciaron desde principios del siglo XX una loca carrera que todavía continúa: una pugna por ser los primeros en encontrar al Hombre de las nieves. Hasta ahora, todos han fracasado en su intento.
Magraner creía, en cambio, que iba a tener mejor suerte por dos razones: la región que había elegido no había sido investigada antes a fondo y algunas de esas montañas tenían todas las cualidades para haberse convertido en el escondite del hombre prehistórico.No le desanimaba que el 90% de los testimonios de personas que aseguraban haberlo visto se hubieran producido hace más de 30 años. «Está ahí fuera, lo sé», aseguraba.
Muy de vez en cuando dejaba sus estudios sobre el terreno y se iba a la capital paquistaní de Islamabad, donde se movía, sobre todo, entre la comunidad francesa. Magraner se había convertido en una eminencia entre los centenares de investigadores que buscan al yeti en decenas de remotos lugares del mundo. Sus trabajos circulaban en Internet, sus colaboraciones se habían publicado en la revista francesa 3ème Millénaire y la cadena de televisión francesa Arte había emitido en 1998 un reportaje de 52 minutos sobre sus expediciones. A juicio de sus compañeros se trataba del más riguroso científico en su campo, un hombre siempre empeñado en restar mitología y ciencia ficción a la criptozoología para que ésta ocupase un verdadero peldaño en la pirámide científica y fuese respetada.
Juan José Giner, el más veterano de los españoles residentes en Pakistán y consejero comercial de la embajada, es uno de los pocos que conocían al científico asesinado desde su llegada al país asiático. «Lo conocí en su primer viaje. Estaba muy centrado en su trabajo y de vez en cuando venía por Islamabad. En una ocasión, hace un par de años, me dejó un informe con sus investigaciones y dibujos sobre el yeti. Estaba muy ilusionado», recuerda Giner.
El genuino espíritu aventurero de Jorge Federico Magraner Gómez le venía de familia. Su padre, un republicano valenciano nacido en Cullera, se exilió en los años 60 a Marruecos -de ahí que Jordi naciera en Casablanca- y más tarde a Francia, en la ciudad de Valence, cerca de Lyon, donde ahora reside su familia.

Jordi hacía más bien una labor humanitaria en la zona y tenía un cariño muy especial a la minoría kalash. Según contaba, era gente que vivía «como nosotros en la época de íberos o celtas», recuerda su hermano Andrés.
El científico se había ganado enemigos sin saberlo. La zona de Chitral es mayoritariamente musulmana y los kalash son vistos con recelo y a menudo atacados precisamente por ser politeístas.
Los extremistas han declarado la guerra a todos los occidentales que viven o visitan Pakistán con una serie de atentados en iglesias, consulados y hoteles, y Magraner era un objetivo fácil al encontrarse solo en un lugar inhóspito y sin apenas policía. «Le habíamos advertido que se tenía que marchar cuanto antes porque iban a por él», decía esta semana uno de los agentes. Las autoridades creen, sin embargo, que alguien se adelantó a las intenciones de los extremistas.
La policía busca como principales sospechosos al ciudadano afgano Mohammad Deen y al ayudante de Magraner, Asif Ali, que podrían haber huido a la vecina Afganistán. El ordenador y otros objetos robados han sido encontrados en la vivienda de uno de los fugitivos.
«En sus mensajes no contaba nunca que tuviera enemigos, sólamente narraba los problemas que atravesaba el país y aseguraba que era un polvorín, pero en su zona siempre decía que iba todo muy bien», se lamenta ahora su hermano Andrés.

ERA CASI UN DIOS
Para los kalash, que consideraban al científico casi como un dios, el hallazgo de su cadáver se ha convertido en una tragedia nacional. Se le enterró con los más altos honores de la tribu y su familia, residente en Francia, por respeto, decidió no repatriar por ahora el cadáver. «Que sea enterrado con sus amigos los kalash, como había expresado en su última voluntad», decía el fax enviado a la policía local.

La búsqueda del «homínido de Chitral» podría haber llegado a su fin con su desaparición. El investigador había logrado el imposible de implicar a centros de investigación en la financiación de sus estudios y tenía el prestigio suficiente para mantener ese apoyo.
La Asociación Trogloditas agoniza ahora ante la falta de liquidez.Atrás han quedado los sueños del fallecido y los planes que tenía preparados para el Giganopithecus una vez hubiera cumplido su ilusión de dar con él. No iba a encerrarlo en un zoológico, ni tampoco trasladarlo a Europa para asombro de la comunidad científica y del mundo. En su lugar, tenía previsto «dejarlo vivir en su hábitat» y encargarse personalmente de su conservación, lejos de la rapacidad de la Humanidad. Ninguno de los dos, ni Barmanu ni el propio Magraner, habría dejado su vida junto a los kalash, allí donde se acaba el mundo.

¿QUE ES UN UFOLOGO?

Reproduzco a continuación un excelente análisis realizado por Rubén Morales y publicado en la página MITOS DEL MILENIO http://mitosdelmilenio.com.ar/

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La respuesta a este título parece sencilla, aunque no lo es tanto. Lo fácil sería esbozar un modelo idealizado de "cómo debería ser un ufólogo", cosa que se resuelve apelando al criterio ombliguista de "ufólogo soy yo y quienes piensan igual. Los otros no, aunque hablen todo el tiempo de platos voladores".
No hay universidad alguna que extienda diplomas valederos de ufólogo. Eso facilita mucho las cosas, derriba las barreras educacionales que pudieran impedir apropiarse de tal denominación. Ufólogo puede ser cualquiera, no importa su edad, su formación académica, ni la cantidad de tiempo insumida en el tema ovni. Luego:

1- Es ufólogo todo individuo que guste autodenominarse como tal. Al no existir un organismo reconocido que otorgue, homologue, matricule o colegie dicho título, quien lo detente estará en su real derecho.

Seguramente alguien que se precie de ser ufólogo hará algo más que leer libros o devorar videos sobre ovnis:

2- Es ufólogo quien encara, de manera autodidacta, tareas de investigación, recopilación o estudio relacionadas con el tema ovni (aunque fueran mínimas), sin importar su método o enfoque particular.

3- Es ufólogo quien se comunica con otros denominados ufólogos que lo ratifican en su identidad y pertenencia grupal, en tanto integra esa comunidad que comparte temáticas afines.

Estos tres criterios parecen lábiles pero aún si se cumpliera uno solo de ellos ya estaría satisfecha la condición necesaria para que alguien pueda considerarse "ufólogo".
Serrat decía que nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. Y la verdad de los hechos obliga a revisar las idealizaciones bienintencionadas. Los líderes de la aproximación cientificista al tema ovni preconizaron conceptos del tipo "Es menester depurar la información y convertir el estudio de los datos vírgenes en una verdadera tarea científica" (1). Loables objetivos, sin duda, pero ¿es obligatorio que el ufólogo tenga una actitud científica? En rigor nadie se lo exige, ya que la ufología está fuera del circuito académico; y puede que alguien prefiera la investigación periodística (ajena a la rigurosidad y los largos tiempos del método científico) o la búsqueda de contacto con posibles visitantes cósmicos (2), y es lícito que otros profundicen en el tema con el solo fin de ratificar sus íntimas presunciones personales.

Vicente-Juan Ballester Olmos (3) ha propuesto "que se enfoque el estudio de este fenómeno desapasionadamente y, sobre todo, sin ideas preconcebidas." Empecemos por lo segundo ¿es posible carecer de ideas preconcebidas?. La respuesta es no, a tal punto que cuando Ballester Olmos escribió su libro "Ovnis, el fenómeno aterrizaje" implicaba desde el título el preconcepto de que alguna cosa había aterrizado. Y estaba bien, así como es bueno que su pensamiento continúe evolucionando. Es que en la vida, toda experiencia capitalizada nos condiciona para enfrentar con mayores o menores recursos las situaciones futuras, nos provee una determinada "disponibilidad psicológica". Cuanto más diversas, enriquecidas y tumultuosas sean esas ideas preconcebidas que adquirimos, mejor será el arsenal de respuestas posibles a las eventualidades que se nos presenten. Luego, no es malo tener muchas ideas preconcebidas, lo malo es tener pocas y malas ideas.

Cuando un ufólogo plantea que todo este fenómeno ha de ser parte de un mito moderno, lo hace con esa idea preconcebida, claro está, aquilatada por su experiencia y conocimientos. ¡Y lo mismo le pasa a quien sostiene que los ovnis vienen de otra galaxia o de Ganímedes!.

Es posible ser ufólogo y creer que naves tripuladas por seres extraterrestres visitan nuestro planeta. Es posible ser ufólogo pero escéptico total respecto a tales intrusiones alienígenas. También serán ufólogos aquellos que piensan que los ovnis son viajeros del tiempo, o manifestaciones plasmáticas, u hologramas cósmicos con el propósito de inculcar conceptos en la población, o un fenómeno psicosocial, o la emergencia de los arquetipos jungianos, o manifestaciones parapsíquicas. Y la lista sigue. Y la ufología sigue.

Ante este panorama, un referente máximo del tema como Jacques Vallée resolvió retirarse "entre bastidores" ­según sus palabras (4), a punto tal que en su web personal omitió cualquier referencia a su vasta producción ufológica (5). "No encuentro la forma de justificar el porqué de quedar asociado a esta ufología tal como se la presenta al público hoy en día" -dijo, porque según resume el periodista Gregory Gutierez  "la escena ufológica queda librada en manos de los peores aficionados, que muerden todos los anzuelos, y se abruman con las teorías más fantasiosas en detrimento de una investigación racional y científica" (4).

Sin ánimo de ensañarnos con el querido colega Ballester Olmos pasemos a la acudida frase "investigar desapasionadamente", otro mandamiento difícil de cumplir, como si a uno le dijeran "vaya a ver jugar a su equipo favorito pero no ponga nada de pasión, eh, observe el juego sin sentir nada". En realidad, el concepto del estudioso valenciano no es aislado, casi todo "manual del ufólogo" aconseja paternalmente ser desapasionado, totalmente objetivo, sin preconceptos, racional, inquisidor, capaz de hacer preguntas "con trampa", perspicaz, analítico, de mente fría... Paremos aquí con la lista de adjetivos, porque de existir alguien con una personalidad semejante, sería un temible y desalmado psicópata mal parido, ¡mejor tenerlo lejos!. 

Desde el momento en que la ufología es una afición voluntaria, la pasión, el entusiasmo, el compromiso emocional con el tema de estudio, el gusto por reunirse a charlar con otros ufólogos, son condimentos fundamentales para disfrutar de la tarea. Por el contrario, si esa pasión decreciera, si en un momento el tema ovni nos acarrea más disgustos que placer, entonces será mejor dejarlo rápidamente a un costado y dedicarse a cosas más gratas. 

Otro dilema espinoso es ¿está bien que un ufólogo gane dinero? Milton Hourcade (6) expresó que un ovnílogo "no vive de los ovnis sino para los ovnis", casi las mismas palabras que dijo también el contactado Carlos Salerno (7). Lejos de tener la misma cosmovisión, es posible que allí terminen todas las coincidencias entre Hourcade y Salerno.

Guillermo Roncoroni había emprendido una valiente cruzada personal contra los mercaderes del tema que lucran engañando al público (8). Esto no quita que en todas las épocas, ufólogos reputados como serios hayan percibido honorarios por editar libros, publicar artículos, intervenir en programas de TV, dictar conferencias y asistir a congresos internacionales. Y toda compañía editorial o televisora que paga puntualmente a sus colaboradores, también lo hará si uno de ellos eventualmente es ufólogo!. En el fondo, cobrar dinero por lo que se hace parece inobjetable en un mundo donde el capitalismo ha derribado algo más que un muro de cemento en Berlín.

Pero ¿todo esto es bueno o es malo?. Ahh... Que cada quien busque su respuesta y la lleve para su coleto. Hemos evitado en lo posible abrir juicios de valor, en el sentido de que las cosas son lo que son aunque a veces se alejen de lo que uno quisiera. En otras palabras, nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.

REFERENCIAS
1) "entendemos que ha llegado la hora de desmitificar el fenómeno, despojándolo de todo elemento metacientífico. Es menester depurar la información y convertir el estudio de los datos vírgenes en una verdadera tarea científica". Dr. Oscar A. Galíndez, Editorial de la revista "Ovnis, un desafío a la ciencia", N° 8, Ed. CADIU, Córdoba, Ar., set. 1975,
2) Por ejemplo, Asdrúbal "Tito" Acosta y sus equipos de radio.
3) Charla abierta con Vicente-Juan Ballester Olmos, Guillermo Daniel Giménez, Mitos del Milenio.
4) Jacques Vallée, un enfoque diferente, por Gregory Gutierez, en Mitos del Milenio.
5) Link a la web personal de Jacques Vallée .
6) Elementos de ovnilogía, Milton Hourcade, Mano a Mano SRL, Montevideo, 1989.
7) La misión de Carlos, en Mitos del Milenio. mytomys1.htm
8) Ver Escritos de Guillermo Roncoroni